Letras de Confesiones de un malandrín

Angelo Branduardi

Me gusta caminar con los cabellos
Cayendo despeinados por mis hombros
Así me divierto corriendo el riesgo
De vuestro otoño sin arroyos
Me gusta recibir en pleno rostro
La súbita punzada de la injuria
Para sentirme vivo lo soporto
Bajo la protección de mi armadura

Y me vuelve a la mente aquel paisaje
Que las cañas y el musgo han sumergido
Y el amor de los míos, que no saben
Que han tenido un poeta en vez de un hijo
Que me quieren lo mismo que a los aires
A la lluvia y a todo cuanto tocan
Raro será que quien me ofenda escape
A la punta de su horca

Pobrecitos mis padres aldeanos
Tan ancianos y siempre temerosos
Del Señor de los Cielos procelosos
Pueblerinos que nunca comprendieron
Que su hijo querido y solitario
Es el primer poeta de estos pagos
Y con zapatos como una patena
Y sombrero de copa se pasea

Mas sobrevive en él la cortesía
De típico golfillo campesino
Que, ante el cartel de una carnicería
Le hace una reverencia al solomillo
Y cuando encuentra algún cochero
Su pobre cuna le vuelve a la memoria
Y quisiera la cola del jamelgo
Llevarla como el velo de una novia

A la patria la amo
Aunque enferma de troncos oxidados
Adoro los hocicos de los puercos
Y los suspiros de los sapos
Estoy enfermo de infancia, de recuerdos
Y de blancos crepúsculos de invierno
El acero se curva con el fuego
Para sentir calor y sueño

A la cumbre del árbol yo trepaba
Para robar los huevos de los nidos
Quién sabe si las copas siguen altas
Quién sabe si los troncos se han podrido
Y tú, querido perro, pobre amigo
Viejo y ciego, vencido por los años
Das vueltas y más vueltas sin sentido
Por la complicidad de los establos

Y me encanta mi pinta de golfante
Cuando en casa robaba unos mendrugos
Y los comía con cualquier tunante
O quizá con un perro vagabundo
Yo jamás he cambiado
Pienso y siento lo mismo de lo mismo
Se me escapan los versos de las manos
En busca de otro sueño como el mío

Buenas noches, los ojos del silencio
Me acechan desde el filo de la bruma
Tras mi ventana crecen los deseos
De gritar contra la luna
La noche es tan hermosa
Que pienso que morir no dolería
Qué importa si mi espíritu es perverso
Si mi pecado me hace compañía

Pegaso cansado y visionario
Tu galope carece ya de cura
Vine como un maestro solitario
Y ya no canto más que miniaturas
De mi cabeza de uvas ya maduras
Va goteando el vino en cabellera
Quiero ser una vela de fortuna
Rumbo a un país sin nombre ni bandera

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